
Un activista de izquierda se convirtió en el héroe de los judíos cuando atacó y le arrancó la cabeza a la escultura en cera de Adolfo Hitler, durante la inauguración del Museo de Cera Madame Tussaud de Berlín.
“Un atentado exitoso, aunque lamentablemente con 75 años de retraso”, dijo uno de los que apoyó la decapitación.
El atacante, conocido como Frank L., gritó “¡No más guerra!” mientras era detenido por los agentes de seguridad del museo.
Orgulloso, agregó además: “Disfruté el hecho de que Willy Brandt estaba viendo”. Willy Brandt fue un político socialdemócrata alemán a quien se le hizo una escultura en cera no lejos de la de Hitler. La figura de cera de Winston Churchill, archienemigo de Hitler, también se encuentra en las cercanías.
La inclusión de la escultura de Hitler ha sido objeto de mucha controversia, pues algunos dicen que es de mal gusto, otros afirman que convertiría al museo en un lugar de peregrinación de los neo-nazis, y otros objetan que sólo la incluyeron para fines comerciales (claro, como si cualquiera de las otras esculturas tuviera otro fin). Cabe destacar que la utilización de objetos o imágenes nazi está prohibido en Alemania.
En todo caso, muchos se alegraron cuando la estatua fue decapitada, claro, seguramente no fue así para los escultores a quienes les tomó 4 meses moldear el rostro de Hitler, ni para el museo, que tuvo que pagar 200.000 euros para hacer la copia fidedigna del dictador alemán.
Respecto al anuncio del museo Madame Tussaud Berlín, de que repararían la escultura y la pondrían de nuevo en exposición (con un extra de seguridad), Stephen Kramer se pronunció en nombre del Consejo Central de Judíos: “No nos haría infelices que la estatua no vuelva al museo”. Agregó que les inquieta que la estatua de Hitler esté tan cerca del lugar en que ocurrió el Holocausto.
Lo cierto es que nada tienen que temer los judíos de carne y hueso, porque el verdadero Hitler se suicidó en su búnker hace más de sesenta años, y ahora los judíos de cera están a salvo también. El único que se las verá malas será Frank L., que no sólo tiene que responder por los daños hechos al museo y al agente de seguridad que lastimó en su “heróica hazaña”, sino que además se habrá ganado un lugar especial en el corazón de todos los neo-nazis del mundo, que sin duda querrán devolverle el favor.









































