Alista tus maletas y ahorra algo de dinero para presenciar uno de los festivales musicales más importantes de Norteamérica.
El Coachella Valley Music and Arts Festival se localiza en una inmensa área de césped en el Empire Polo Fields, en Indio, California, a sólo dos horas al este de Los Ángeles y a 80 kilómetros del desierto de Mojave.
La edición del año pasado incluyó bandas y artistas solistas como Maddona, Sigur Rós, Franz Ferdinand, Depeche Mode, Daft Punk y Tool.
A finales de enero fue anunciada la alineación del festival de este año, celebrado del 27 al 29 de abril, añadiendo un día extra lleno de música. 120 bandas de una amplia variedad de géneros interpretaron sus éxitos en cinco escenarios simultáneos, convocando a 60,000 personas diariamente.
Viernes 27
Artic Monkeys, los ingleses sensación, tocaron con energía y diversión. La artista pop mexicana Julieta Venegas abarrotó la carpa Gobi.
Mientras que la leyenda roquera Sonic Youth tuvo mala suerte cuando sus fanáticos los abandonaron para ver a la diva futurista de Islandia, Björk.
Los conciertos más sobresalientes corrieron a cuenta del hijo pródigo del pop-ópera, Rufus Wainwright, quien salió al escenario ataviado con una bata y ejecutó temas de su nuevo disco “Release the Stars” casi a la perfección (aunque el sonido tuvo algunas fallas), como “Going to a Town”, su más reciente sencillo. Desafortunadamente no tocó ninguna canción de “Poses”, su celebrado disco de 2001.
Otra leyenda ochentera, The Jesús and Mary Chain, regresó después de una ausencia de nueve años y recompensó la espera con un infalible repertorio de clásicos estridentes como “Sidewalking”, “Happy when it rains”, “Blues from a gun”, “Some candy talking” y “Just like Honey”, cuyos coros fueron cantados por la actriz Scarlett Johansson como invitada especial.
Interpol, un cuarteto parecido a Joy Division, tocó con gran intensidad y gracias a las habilidades histriónicas del bajista Carlos Dengler se robó el espectáculo.
Sábado 28
Los músicos más diversos e interesantes se adueñaron de los escenarios. Desde el despreocupado trío de indie rock The Fratellis hasta la cantautora Regina Spektor. Desde el grupo sueco Peter Bjorn & John hasta las maravillas electrónicas de Mstrkrft. Travis, de Glasgow, subió a escena bajo un calor apabullante para tocar sus temas más reconocidos como “Why Does It Always Rain On Me”, “All I Want To Do Is Rock”, “Sing” y su nuevo sencillo “Closer” de próxima producción “The Boy With No Name”. The Decemberists, un extraño y folclórico quinteto de Pórtland, Oregon, recibió el honor de haber estimulado a su audiencia como pocas bandas lo hicieron, retándola a interactuar mediante gritos, aplausos y movimientos con los brazos. La numerosa agrupación candiense The Arcade Fire interpretó sus canciones con emoción, demostrando una vez más el alcance masivo de su breve carrera artística. “Intervention” fue el mejor tema de la noche, mientras que “Windowsill” tuvo un efecto catártico sobre los presentes gracias a la frase “I don’t want to live in America no more”. Otras presentaciones sorprendentes corrieron a cuenta de grupos electrónicos como The Rapture y LCD Soundsystem (ambos de Nueva York), el dúo francés Justice y la banda electro pop inglesa Hot Chip, todos ellos negándole a los asistentes un minuto de descanso entre tanto baile.
Domingo 29
El versátil grupo electrónico Soulwax recibió comentarios positivos al tomar la carpa Sahara. Los tejanos Explosions in the Sky, a pesar de tocar sólo temas instrumentales, electrizaron a su público con sus composiciones épicas. Los novatos del Reino Unido The Klaxons también tuvieron un buen desempeño colocándolos en fila para encabezar futuros festivales de Coachella.
Placebo, liderado por el vocalista Brian Molko, hizo gala de su impecabilidad y la fuerza de sus canciones, demasiado poderosas para haber sido tocadas en un escenario tan pequeño como el Outdoor Theatre. Extrañamente nadie pudo explicar porqué la banda de pop canadiense Crowded House fue asignada al Coachella Stage, el escenario principal.
El artista francés Manú Chao estuvo cerca de robarse la noche con sus incontrolables himnos punk latinos. Los fumadores de mariguana de distintas nacionalidades se unieron para adorar a la nueva encarnación de Bob Marley, generando una inmensa y gruesa capa de humo sobre la multitud. El cantante subversivo expresó sus puntos de vista sobre la inmigración, la guerra en Irak y la cultura mexicana. Pero la agresividad genuina llegó la reunión de la banda izquierdista Rage Against the Machine y un sinnúmero de californianos que inundaron el Coachella Stage de último momento para ver a estos agitadores musicales. Fuerzas policiales antimotines custodiaron el perímetro del concierto (lo mismo sucedió con los Red Hot Chili Peppers el día anterior) y el volumen de las primeras canciones fue disminuido a propósito. Sin embargo, la conducta de los presentes fue ejemplar. El vocalista Zack de la Rocha pronunció un discurso provocador durante la canción “Wake up”:
“Un buen amigo nuestro decía que si las mismas leyes que se aplicaron a los nazis después de la Segunda Guerra Mundial se aplicaran a los presidentes de los Estados Unidos, entonces cada uno de ellos, cada hombre rico y blanco desde Truman hasta la fecha, debería ser colgado hasta la muerte y fusilado. La actual administración no es la excepción. Deberían ser colgados, enjuiciados y fusilados como se haría con cualquier criminal de guerra. (…) Despierten.”
El Coachella de este año tuvo una mucha mejor decoración que en años anteriores. Se habilitaron áreas de descanso con sombras pero las fuentes públicas de agua eran ilocalizables (quizá porque no había ninguna). Las colas para recoger boletos eran ineficientes; sólo tres personas en taquilla atendían a los miles de coacheleros cocinados lentamente bajo los inclementes rayos del sol. Aunque la seguridad en la entrada era exhaustiva las drogas (especialmente la mariguana) y los consumidores aumentaron considerablemente en comparación con otros festivales.
La presencia de la policía en el interior fue casi nula y se toleró a los consumidores, quienes tenían un excelente refugio dentro de un curioso laberinto construido con tela en el centro de Coachella. Los fumadores de cannabis eran bienvenidos a entrar y a compartir sus hierbas especiales. Tristemente la policía reportó un incremento de arrestos, de 50 personas en 2006 a 85 en este 2007, una estadística insignificante en comparación con las cifras de asistencia.
La conciencia ecológica y los asuntos políticos fueron centrales en este festival de Coachella. Los organizadores instalaron cajas de reciclaje en muchos lugares del campo. Se promocionó la recolección de diez envases vacíos de plástico y su intercambio por una botella de agua gratis, una bendición para aquellos infelices por pagar dos malditos dólares por botella. “Carpoolchela”, una actividad para compartir los vehículos, tuvo una gran respuesta: se hicieron concursos diarios para recompensar a los conductores responsables con pases de por vida. EnergyFACTory, una exposición de ingeniosos artefactos servía para educar a los visitantes sobre fuentes alternativas de energía. Entre otras cosas los teléfonos celulares podían ser cargados mediante el pedaleo de bicicletas fijas.
Vale la pena gastar en un largo viaje hacia el desierto, bajo el riesgo de una insolación, para ver a algunos de los mejores exponentes de la música popular. Coachella California es un poblado pequeño pero cálido. Sus montañas increíblemente altas y su cielo profundamente azul conquistarán a los visitantes y los obligarán a asistir el próximo año. Porque una vez que se canta junto a miles de almas de diversos rincones del planeta (como algunos amigos que conocimos originarios de Australia) hay pocas experiencias que se le comparen.
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