Hoy llamó el pana Gabo para invitarme a ver una de sus bandas, Hey! Todo Bien, que cerraría el 2do Festival de Gaitas de Chacao organizado por Zona Escolar. Me he perdido todas las oportunidades de verla en vivo y sin duda era la alternativa ideal al nada que hacer un domingo por la tarde. Pero cuando llegó la hora de montarse, una agente de Polichacao llegó a aguar la fiesta.
La agente policial se basó en que el permiso solicitado establecía que el evento terminaría a las 8:00pm, y visto que hubo retardos porque algunas bandas de gaitas llegaron con retardo, los horarios se corrieron ligeramente. A eso de las 7:55pm es que Hey! Todo Bien estaba montándose en la tarima. Tocarían 4 canciones, para un set de 15 a 20 minutos.
Los organizadores, la banda, y algunas otras personas hablaron con los policías, para que por favor fueran flexibles y perimitieran que la banda se presentara, pues tenían todo el día allí pendientes y emocionados con su presentación en la Plaza Altamira. “¡15 minutos más de música no van a matar a nadie!” Pero ellos sólo repetían, como robots: “es la ordenanza. El permiso es hasta las 8″.
Cuando ya estaba claro que no cambiarían de opinión, Gabo la perdió y salió con una serie de comentarios tan extravagantes como él. “No olviden el Karma. Ojalá puedan morir en paz”. Parte de eso en el video.
Se podría argumentar que la policía tenía la razón. ¿Pero dónde queda el corazón? Es decir, ¿de verdad es tan importante apegarse tanto a la norma? La plaza estaba llena de gente que estaba esperando la presentación de una banda más. Un evento cultural en un espacio público, que por pequeños problemas técnicos se sale un poquito del márgen establecido, y ya le aplican el Lecho de Procusto.
Pero esto no es nada nuevo. Ya lo han aplicado antes en otras oportunidades. En Por el Medio de la calle hay policías por doquier, que además de cuidar que todo se mantenga en orden, esperan ansiosamente las 10 de la noche para comenzar a botar a la gente. “Hora de guardarse, gente. De vuelta a sus hoyos”. Hubo una situación “divertida” con aquel grupo artístico merideño en Por el Medio de La Calle. Era una propuesta teatral con música, y los pacos desconectaron la consola, pero los actores seguían en personaje, y siguieron en mudo. Los policías se indignaron por la indiferencia de los artistas y se pusieron violentos, según cuenta la leyenda.
Es decir, al parecer no se trata de una ordenanza, pues si no hay ruido, no hay violación alguna, a menos que sea ilegal estar en la calle. Tampoco es una cuestión de condescendencia con los vecinos, pues son precisamente los vecinos los primeros que disfrutan de estas escasas pero efectivas manifestaciones culturales. Había una vecina en la Plaza Altamira diciendo que mañana a primera hora presentaría una queja en la Alcaldía, porque “era injusto que no dejaran presentarse a los muchachos de la bandita de rock”.
No me malinterpreten. Aplaudo enormemente la labor de Polichacao a nivel de seguridad. Es el único municipio en el que realmente me siento seguro al caminar de noche, pues se puede ver policías y patrullas haciendo rondas en cada esquina. También es el único municipio en el que los policías no hacen alcabalas malandras para extorsionar a los conductores y motorizados.
Pero para ser correcto no siempre hay que seguir las leyes al pie de la letra. Hay que saber ser flexibles y comprensivos con las personas. Así como los vecinos que quieran acostarse temprano el 31 de diciembre tendrán que calarse la mega rumba que la Alcaldía tiene pensado hacer en la Plaza Altamira hasta el amanecer. De seguro no irá para allá ningún policía a aguar la fiesta a las 8pm.
Entonces, policías, maten el crimen, no la cultura.
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