Vi como quizá el último y más representativo estandarte cultural de aquella Venezuela de derroches mediáticos, y galas para la TV, se encuentra deslizándose inexorablemente por un tobogán llamado decadencia. En efecto, hablo del Miss Venezuela, o más bien, del residuo orgánico que de éste evento queda.
Anoche me salí un poco de mi status-quo para ver en vivo y directo, la noche más linda de la Televisión Venezolana. Esto no lo estaba esperando con ansias ni devoción, en realidad la razón es mucho más casual de lo que se pueda creer, y fue sin duda, la respuesta conductual que me causó mirar enajenado por algunos segundos, la nueva cara de Daniel Sarcos, ése rostro que parece ser el resultado de una sobredosis de botox fermentado, que convirtió su dermis en carne wayú un poco desfigurada.
Daniel Sarcos parecía ser el imitador que la producción del Miss Chocozuela había escogido, Maite aunque un poco más normal, también tenía algo disímil y Lynchiano, propio de una ocasión, donde oníricamente las Misias eran Nora Suarez, Nelly pujols, la coconaza y betty haz (que me disculpe si no sé escribir su nombre). Ayer, inesperadamente, la parodia fue primero, y la noche más linda, sin querer, terminó siendo al fin, la más chimba.
A Maite Delgado le costaba entrar en el papel, a Daniel notoriamente le era muy difícil mantener los ojos abiertos y estas misses no podían ser las de Osmel. Todas parecían reinas de ferias patronales, todas andaban de su cuenta y ninguna de estas podía ser la mujer más linda de Venezuela. La más boba si, si ese hubiese sido el ideal, seguro tendrían que haber declarado un empate masivo para el segundo lugar y dar como ganadora a la Miss sordo-muda, a Miss Sucre, la hembra de brazos largo y mirada extraviada, ya que chueca y todo, no se marcó una diferencia considerable, entre ella, y las demás mujeres del certamen plenas de sus “5 sentidos”.
El Miss Venezuela de ayer tiene que ser “el antes” dentro del método convencional del “antes y después”. Sin duda fue la edición más doméstica y barata en la historia del show que se haya hecho en el poliedro, aunque esto no lo puedo asegurar, porque tampoco he visto muchas ediciones para comparar. Es obvio que la producción intentó recorrer a la nostalgia colectiva, y por ello trajo a Gilberto Correa con la intención de desatar llanto y pasión senil en el público, con el homenaje a las Misses de antaño, porque con el presupuesto de ahorita, de vaina dio para traer a Olga y su culo de cañón, y quién otro más si no a la caballerosidad en pasta, encarnada en el Rajá de Puerto Rico, Gilberto “Apu Nahasapimapetalan” Santa Rosa, cada día más hindú y de mayor gesto candidato.
En fin, luego de esta terapia de anticondicionamiento clásico, mi sueño se cagó, y dormí preso de múltiples pesadillas, donde en unas corría sin parar, y en otra, la más reincidente, hacía turismo ametrallado por el Libano, siendo todo este agite, el resultado de mezclar unos perros calientes full mostaza, con un Miss venezuela que sin querer, parecía una película del tipo Monty Payton filmada en la mansión knoche sin Osmel en el papel de Gottfried.










































