{Post reciclado del viejo Blog (http://echoes.bitacoras.com)}

Hoy el dark of the moon quería ser escuchado, y no le bastó más que aparecer en otra caja de cd, para que yo siguiera sumisamente sus designios. ¡Y Que bueno que fue así!, que lo escuché mientras iba muy lento a buscar a Cecilia al hospital y con ella, de regreso camino a casa. Haciendo más cola, moviéndonos al ritmo de la música.
El carro se apagó dos veces durante Speak to me, yo trataba de retroceder para salir del estacionamiento, pero las pulsaciones y las risas desquiciadas que suenan al fondo, parecían afectar el carburador. Ya cuando sonó la explosión, el motor tomo su sonido habitual. Con Gilmour susurrando Breathe me despedí del vigilante y salí bordeando la Domingo Peña con mucha llovizna en el parabrisa, para trabarme unos minutos en el semáforo de la Don Tulio, pero luego, lentamente, fui saliendo On the Run.
Gracias a las campanas, y los repiques de reloj recordé que Cecilia tendría mucho tiempo esperándome. Las pulsaciones de mi corazón iban aumentando su sonido, pero mantenían un ritmo lleno de una precisión de reloj suizo en su ti-tac, que nunca escucho, sin embargo, era necesario acelerar un poco y recuperar el tiempo perdido. Al llegar, Cecilia abrió la puerta mientras las coristas servían sus voces, aunque Gilmour tuvo que disculparse, porque no iba a poder estar aquí, diciéndonos que igual le gustaría.
La cadena del estacionamiento del hospital tardó un poco en caer, otra vez lenta la velocidad. Wright prohibía el desespero con el piano. Habían más carros en la vía, estábamos más cerca. Una mujer gritaba, pero nadie quería darse por enterado. En medio de un semáforo camino al viaducto, a penas podía verse una gran nube en el cielo con forma de gigante, un Goliat sin su David. Ya era peligroso seguir rodando tan lento en una vía “tan” rápida, era preciso bajar un poco el pie sobre el acelerador. Nueva valla de breeze ice, La avenida las América cada día tiene más luces de neón, pancartas en todas partes, comprar, comprar, comprar, o vender, vender, vender. Benetton United Color. Todo lo que usted necesita siguiendo la flecha. Hasta las palomas que se cagan sobre los semáforos parecen estar en venta.
En una procesión litúrgica estaban los carros que bajaban cruzando la plaza de toros, ese lugar siempre tiene un extraño gris alrededor. Cecilia subió el volumen, sonaba Us and Them, su tema preferido de todo el disco. Recuerdo la canción sonando, sus suaves manos alterando todo el lugar. Ya el cielo nuevamente no era tan azul, no recuerdo nada de nosotros. Nuestras miradas se perdían sobre las guitarras y el saxofón. Ya yo no conducía, el carro ya conoce el camino de regreso, de repente parpadeaba y notaba que estábamos más cerca. En unos de los delays sobre los que se desliza la voz de Gilmour, vi las fachadas de las casas que suben por milla. Las vecinas de Chaplin. También vi una cola inmensa de gente tratando de comprar pan, otros tratando de entrar a un cine y sin más ni menos, estábamos frente a una heladería escuchando Any color you like. No íbamos a bajar del auto hasta que terminara el último acorde de esta canción. Los colores de los helados eran fluorescentes, y Waters por su parte afincaba más sus dedos sobre el bajo, Manson a penas se dejaba acariciar el hihats y Wright esparcía psicodélica sobre el aire. Entre tanto, en las mesas del frente, se discutía sobre cualquier cosa, por ejemplo, sin querer escuché a una mujer hablando de que todo tiempo pasado fue mejor.
Paramos el disco y bajamos a la realidad, fuimos a comprar algunas cosas de comer.
Regresamos apurados para escondernos de la lluvia, pero principalmente para terminar de escuchar el dark side. Sólo quedaban dos canciones y no más de un kilómetro por recorrer. Brain demage, unos de los varios temas dedicados a Syd, fue la primera en sonar. Llegar a casa con el final del disco era el reto, ir a la velocidad exacta. Con el presentimiento del fin se hacía más oscuro el retorno, pero aún era temprano. La lluvia eclipsaba la entrada, y cuando caían las primeras gotas gruesas, mi corazón iba dejando de sonar tan duro y volvía a su silente anonimato. El fin fue la llegada, y en-off estacioné el carro, y subimos, con una alegría tremenda porque ambos sentimos como sí esa era la primera vez que escuchábamos the dark side of the moon.










































