Una nueva serie de televisión que se estrena esta semana en EEUU sigue la estela de “Desperate Housewives” y se centran en los sinvivires de las mujeres en privilegiados suburbios del condado de orange. Increiblemente falsas, estereotipos andantes pues.

No puede ser de verdad no puede ser, lean: “The Real Housewives of Orange County”, basada en el mencionado programa, es un “reality show” que se desarrolla en un universo paralelo donde, según explican sus protagonistas, el 85 por ciento de las mujeres tienen implantes de pecho, el precio medio de las viviendas es de 1,6 millones de dólares y un Mercedes con un faro roto es inmediatamente reemplazado por un BMW nuevo.
Como es de esperar en un “reality show”, este paraíso situado en el condado de Orange, al sur de California, conocido por su opulencia y conservadurismo político, rápidamente se transforma en un infierno donde ellas viven existencias vacías, infelices y bañadas en Botox.
Tómese el caso de Kimberly Bryant, -una de las protagonistas- un ama de casa que, a instancias de su marido, un poderoso ejecutivo de una gran compañía, luce una talla 32D de sujetador, pero eso no es suficiente para frenar sus temores de que él le vaya a abandonar de un momento a otro por una mujer florero.
Kimberly contempla una delantera parecida para su hija de 13 años, pero cuando sea más mayor: “Sé que es muy común que las hijas reciban un implante como regalo de graduación de instituto”, dice.
“El programa está diseñado para provocar náuseas o fascinar”, señala Paul Brownfield, el crítico televisivo del “Los Angeles Times”, quien califica la serie de “creíblemente grotesca” por alcanzar extremos tan surrealistas basándose en la vida real.
El titulo de la vaina es una paradoja,











































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