Cuando El Calo y yo éramos muchachos universitarios de Comunicación en la Central, erigimos una cartelera humorística llamada: “¿Quién Dijo Cachapa?”, muchos antes que los pimentones, chicharrones, plátanos podríos y cariaquitos moraos del mal pegue actual, que todavía insisten en tripear con trivialidades gallegas como las tasquitas de Chacao.
“La Cachapa”, trascendió a sección de revista y espacio radial en 92.9…aquellos años 90. Nos convertimos en un mini fenómeno mediático y terminamos siendo personajes de la emisora cuando la regla era la personalidad de radio antes que la imagen de televisión. Lo hacíamos todo al mismo tiempo: con creyón, gritos y chigüreo, y hasta coñazos prometidos por los ñángaras ucevistas de Trabajo Social.
Lo cierto es que El Calo y yo nos partiámos la madre por representar algo bien punketo y marginal. Comparado a estos últimos tiempos, nos dió por desestimar la licencia otorgada en Internet, en la que todos se suponen talentosos, gracias a la inmediatéz y la guevonada. Y es que a ver, el 80 por ciento de la población humana del planeta es tan interesante como un peo de vieja, entonces: ¿Por qué imaginarse motivo de adulación siquiera para que te cojan arrechara solo porque sí?
Pues el blog que resulta una vaina bien, muy a mi pesar, es el de “Las Ultra Fabulosas”. Las niñas retoman la fórmula de personalidad bien encarada; esa de anti-héroe y perra contestaria, que entretiene y pica a la vez, y aunque te rasques y rasques , no sabes donde coño te pica.
Yo digo que es un intento válido, considerándo lo anormal y desagradable de miles de páginas y blogs, y es que justamente, no hay tomarse en serio jamás en ningún momento, ni para impresionar al propio ego deshidratado que mamá nos crea diariamente al compararnos con Brad Pitt. El Calo sigue feo como Mandinga, pero gente.












































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