Amílcar Ortega reseña Chinese Democracy

Entretenimiento

Por: Ortega

Lo primero que tengo que decir, antes de hablar del legendario – y al fin en las tiendas – disco de Axl y sus nuevos Guns & Roses, es que nunca he sido fanático de la banda. Si, considero que “Appetite for Destruction” es uno de los discos más rock de la historia, es demasiado sólido y estoy seguro de que seguirá presente en la vida del mundo por siempre. El problema es que cuando yo comencé a escuchar música ya habían salido los “Use You Illusion”, y la verdad es que la segunda etapa de la banda nunca me llegó, no era para mí. De hecho en este video pueden observar a Edgar, Kuámasi y un servidor manejando de Valencia a Caracas en estados alterados (don’t drink and drive kids); veníamos escuchando alguno de los dos Illusions y me di cuenta de que no me sabía la mitad de las canciones. Me sonaba familiar, pero saben como es, en el momento que comencé a escuchar Nirvana y todas las jevitas del universo se aprendieron “November Rain” estaba obligado por contrato a decir que Guns era una mierda y Axl era un guevón. Con lo segundo, a pesar de todo lo que diré más abajo, todavía estoy de acuerdo:

Chinese Democracy, portada

Entremos de una vez en materia, hay tanto que decir sobre Chinese Democracy. Comienzo admitiendo que a lo largo de los años me he burlado de este disco tanto o más que ustedes; a finales de los noventas cuando Axl reclutó a Robin Finck y comenzó a correr el rumor de que el disco iba a sonar industrial me reí demasiado. En los primeros años del siglo, cuando se colaron las primeras maquetas de “There Was a Time” y “Better” a la Internet, me reí aún más; ambas sonaban como cualquier canción, no tenían nada especial. Cada vez que veía una foto de Axl con botox o trencitas me burlaba y cuando se cayó a coñazos con Tommy Hilfiger no podía creer que Dios fuera tan generoso con los comediantes, you couldn’t make that shit up.

Claro, nunca me reí más que cuando Kevin “Skwerl” Cogill comenzó a correr el rumor de que el disco era una vaina increíble según los ejecutivos de Universal que lo habían escuchado. A mí no me iban a engañar, yo había escuchado las maquetas, yo estaba enterado. Si algún día lo llegaban a editar este disco iba a ser el chiste de la vida. Meses después el mismo Skewrl lanzó el leak de las nueve canciones y al escuchar la mezcla – casi – final de “Better” decidí callarme la boca y dejar de hacer el ridículo. Axl tenía razón.

El disco sonaba a lo que tenía que sonar, al trabajo de un demente, de un artista atormentado que no quería mostrar su nueva obra hasta que estuviera terminada, no importa cuánto tiempo le tomara ni lo que opinara el mundo en general. Chinese Democracy le daba un nuevo significado a la frase súper-producido, era demasiado exagerado, prácticamente rococó. El disco en el que Beck jugó con el concepto de súper-producción, “Midnite Vultures”, era minimalista en comparación. No crean por un momento que todas las personas que van a hablar maravillas de este disco, Chinese Democracy será adorado por la crítica, no están claros que la vaina está al borde del ridículo. Todos lo sabemos.

También sabemos, estamos seguros, de que este disco es otro clásico que será discutido por toda la historia de la humanidad. Para empezar aquí no hay relleno, todas estas canciones han sido trabajadas hasta morir, suenan profundas, tienen momentos ridículos, momentos increíbles y al menos la mitad podrían ser sencillos radiales. También tiene los solos de guitarra más impresionantes de los últimos años y demuestran que Axl todavía puede cantar como un demonio, al menos en estudio. Por otro lado es un disco valiente, Chinese Democracy tiene dos bolas y está retando a todos los críticos, a todo el que se han burlado de Axl durante todos estos años, a decir algo. Nadie serio se atreverá.

Miles de personas que se las dan de que saben de música sólo porque saben que uno de los carajos de Grizzly Bear tiene otra banda que se llama Department of Eagles criticarán a Axl a más no poder y hablarán pestes de este disco, pero en Pitchfork probablemente sigan haciéndose los guevones y no escriban nunca un review. En Idolator, que se burlan de todo y están apostando al fracaso de Axl aunque todos comprarán el disco, los escritores se han cuidado muy bien de no emitir opinión o decir una palabra negativa oficialmente. Le están dejando el trabajo sucio a los comentaristas, que como suele suceder en la Internet han inundado los posts sobre el disco con sus opiniones poco pensadas y en muchas ocasiones infundadas.

Y ahí entramos en otro tema importante, este disco no es para ti ni para mí. Es muy fácil olvidarse de la historia, pero aquí estamos nosotros para recordarles que Guns and Roses es del pueblo, no de la gente que se las da de que sabe de música. El montón de jevitas que se van a aprender “Street of Dreams” y van a hacer que la vaina suene en la radio todos los días a todas las horas no tienen ni idea de que Chinese Democracy está a la venta. Muchas de ellas ni sabrán quién es Axl todavía, pero pueden estar seguros de que se enterarán y en el futuro cercano les arruinarán la vida. Esto apenas está comenzando.

En conclusión sólo me queda recomendarles que adquieran el disco y lo disfruten mientras se pueda, Chinese Democracy es una obra verdaderamente interesante, un disco que exige muchísimas escuchadas y se presta para infinitos análisis. Tanto “How to dismantle an atomic bomb” como la mayoría de los discos que reseñaron en Pitchfork esta semana se perderán en los anales de la historia, serán recordados por los individuos pero no por la humanidad. Pueden estar seguros de que eso no pasará con Chinese Democracy – y mucho menos con Axl -, este disco se discutirá en todos los ámbitos por siempre jamás.

También, “This I love” es una mierda de canción que no escucharé ni una vez más.

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