Ya para este momento todo el que me conozca me ha comentado con una sonrisa en la boca algo sobre el comercial de “Cambia la Ruta“, el reality show de Sun Channel a cuyo casting asistí. Yo no lo he visto, así que no sé si se burlan o qué coño. En fin, me imagino que pronto se transmitirá el primer capítulo, el único en el cual aparezco. Esto me preocupa a sobremanera porque no tengo idea de como contarán la historia y no estoy seguro de si quedará claro porqué no soy el protagonista de toda la temporada como sin duda merezco. Esta vaina no puede quedar así, mi reputación está en juego, y es por eso que a modo de ataque preventivo les voy a dar un adelanto de uno de mis proyectos de este año: mi primer libro (segundo si cuentan esta maravilla).
Sobre el todavía destitulado libro les puedo contar que es la vaina más arrecha que he escrito, básicamente consiste de una serie de crónicas acerca de todo lo que he vivido desde que me mudé a Caracas en Septiembre del año pasado. Es tan asqueroso, real y humillante que no he tenido el valor de mostrárselo a nadie, pero les puedo garantizar que les responderá muchas de las preguntas que probablemente tienen sobre mi persona: Todo lo que usted quería saber sobre el Amílcar Ortega pero temía preguntar, o algo así.
Sobre el extracto que tendrán el placer de leer les debo contar que lo precede uno en el que cuento porqué hice un casting para un reality show y narra toda la experiencia, pero tanto por ese como por todos los secretos humillantes tendrán que pagar.
Al día siguiente renuncié, llamaron:
La noche anterior había decidido renunciar a mi trabajo en la agencia publicitaria. Por razones que me reservaré tenía que ser al día siguiente, quería hacer un punto, quería que quedara claro que me iba luego de un hecho específico. Por supuesto tenía otras razones, siendo la principal que simplemente tengo mejores cosas que hacer. Mis cosas. No quería seguir siendo empleado. No quería tener que salir de mi cueva todos los días, ver gente todos los días, pensar en publicidad todos los días. Simplemente el ciclo se había cerrado. Me costaría dejar la oficina, los compañeros de trabajo, los cafés, pero fuck it. Ya fue.
Me desperté pensando en eso y pasé un par de horas dando vueltas en la cama, considerando si en realidad ese era el día adecuado para soltar la noticia. Lo era. Me paré cuando lo decidí, tenía que bañarme rápidamente ya que se me había hecho tarde. Siempre tengo que estar apurado y suelo llegar tarde a todos lados. Me visto, recojo todo y me siento en el sofá a fumar. Mala decisión, pero seguía dándole a la cabeza. A
E!el canal dedicado al entretenimiento que no debería nombrar renuncié vía e-mail, esta iba a ser mi primera renuncia cara a cara. Era emocionante.Caminando hacia la oficina me di cuenta de que estaba demasiado hasta el culo, normalmente en este estado me cuesta interactuar con la gente en conversaciones mundanas, mala idea fumar antes de enfrentar a mi jefe y avisarle que perdería al novato del año.
Llegué.
A pesar de que vengo en este estado a diario sin mayor problema esta vez todo el mundo se dio cuenta de que había fumado de más. Con un: “Tienes demasiada cara de que te acabas de despertar”, mi jefe me cubrió y a la vez me hizo notar que lo sabía, que se notaba. Oops. Me enfoco en la pantalla de la computadora mientras tomo las primeras dos tazas de café, las cuales lamentablemente no hacen el efecto esperado.Renunciaré al rato, cuando pueda hablar.
En este momento me doy cuenta de que dejé mi celular en la casa. Esto jamás pasa, de hecho es la única vez que se me ha quedado desde que comencé a trabajar en esta oficina. Esto está raro. Me doy cuenta que todo está raro, el ambiente está viciado. Todos están callados y trabajan demasiado, yo no hago nada. En eso sacan una torta, un compañero cumplió hace un par de días y no había venido hasta hoy. Hay que esperar unos minutos antes de cantar porque tenemos un cliente en las instalaciones. Parecen horas. Veo el momento, me acerco y le pido audiencia al jefe: “¿Podemos hablar en el salón de conferencias?”. Se lo esperaban, él me dice: “No me jodas”, y su esposa que estaba al lado: “No, no, no digas nada. Siéntate ahí y no digas nada”. Hablaríamos después de la torta.
Es un día raro, uno de esos en los que ves todo más claro. Me fijaba en los gestos, las miradas de mis compañeros. El día anterior le había insinuado a un par de ellos que iba a renunciar y estoy casi seguro de que en la mañana corrió el chisme. Aunque capaz es la paranoia. Igual hay algo extraño en el ambiente, me siento incómodo. A eso de las 4 de la tarde el jefe me va a decir algo y ring, suena el teléfono. Raro. Este número no se lo doy a nadie.
Atiendo y es una productora de “Cambia la Ruta”, han estado tratando de localizarme todo el día porque quedé pre-seleccionado, pero hubo un cambio y tengo que ir hoy, antes de las 6. No me gustan los cambios. Los cambios de última hora son mala señal, siempre. No sé qué hacer.
Casi inmediatamente picamos la torta de chocolate fluido. Si hay algo que voy a extrañar de este lugar son los dulces, que clase de manjares traían los jefes cuando estaban de buen humor. Va a ser difícil dejar esta oficina, pero el mundo no se va a conquistar solo. Sigo convenciéndome a mi mismo de lo acertadas de las decisiones que ya había tomado mientras medito paralelamente si simplemente debería pararme e ir a la segunda parte del casting. Decido no ir, al final qué coño. No quiero posponer este momento, la renuncia, ni tengo ganas de hacer el ridículo en un canal de poco rating.
Paso al salón de conferencias, mi jefe en una esquina tomándose un whisky. Sabe lo que viene. Le digo. Me contesta que se lo esperaba, que le parece lógico esto de que mi ciclo ya se cerró y que necesita que trabaje preaviso mientras encuentra a otro. Por supuesto. Le agradezco por la oportunidad y por lo que aprendí en mi enfrentamiento cara a cara con el mundo de la publicidad en Venezuela. Todo terminará amigablemente en un mes.
Vuelvo a mi puesto y no hago nada por el resto del día.
Son las 5:30, no me da tiempo de llegar al Eurobuilding y no tengo un número de teléfono al cual llamar. Lo tenía en el celular que dejé en casa. Es oficial: no iré al casting y he perdido la oportunidad de ganar unas vacaciones en el campamento humillación pública.Medito: ¿Será que me dio miedo? ¿Eran las circunstancias tan irremediables? ¿No podía simplemente renunciar otro día? ¿Tendrá alguna lógica mi teoría de que cualquier cambio drástico de planes es una mala señal? ¿Por qué en nuestro país todo tiene que ser tan desastroso? Si Sun Channel es un canal serio, ¿por qué no se hizo la segunda ronda el día que ellos mismos habían pautado? ¿Por qué dejé mi celular hoy? Si me hubieran avisado con tiempo quizás hubiera podido hacer ambas cosas. ¿Por qué se vieron obligados a adelantar el casting exactamente para el día en que tenía que renunciar y dejé mi celular? ¿Señales o casualidad?
Whatever. Seis de la tarde, hora de salir de esta oficina.











































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