Siempre decimos “esta banda que basura es” “ese disco está mal grabado” “que mal sonido tiene la cigarra” “sólo nos dieron un miércoles en el Moulin” y nunca NUNCA nos detenemos a pensar el por qué de la situación actual del rock en Venezuela. Decía mi amigo Marcel Fernández que el Rock se quedó en las peluquerías, con todas estas “nuevas bandas” que ven por un sólo ojo con su larga pollina, o esas que se toman una foto y manipulan los valores de color en fotoshoc para que parezcan una portada de la revista Revolver…
Queremos hacer rock, si. Que nos gusta Foo Fighters? también. ¿Que queremos organizar eventos y que la gente vaya? también. Ya el viejo paradigma de que tenemos que buscar patrocinantes para hacer nuestros eventos está bastante más que podrido. En fin, siempre hay una que otra buena idea que nos hace pensar que hay un mañana, pero al menos yo, no la encontré el día de hoy.
Yo, soy un ferviente y compulsivo comprador de libros de cosas finas. No me pregunten por García Lorca ni por Bukowski, ni idea con ellos. A mi me gusta Otrova Gomas y Oscar Yanes. Libros de diseño, de comics, de ROCK. Tengo decenas de libros de rock, biografías, antologías, muestras, recopilaciones, photobooks, etc. A mi me gusta el ROCK. Y lo compro, lo mantengo, lo vivo, lo gasto. Y una cosa que me pasa cada vez que leo un libro de ROCK, cuando leo que Nikki Sixxx estuvo muerto 5 minutos, que a Lemmy lo metieron preso por ir vestido de nazi, o que Angus Young mintió sobre su edad durante 7 años, me pregunto: ¿Aquí en Venezuela tenemos esas historias? ¿Quién las sabe?

Yo mismo me he preocupado de escribir alguna paginita en ese libro. Me arrodillé ante Paul Gillman en un programa de televisión y le dije “no somos dignos” como en Wayne’s World, toqué un 31 de diciembre en plena Avenida Urdaneta y saqué mi bajo en un Penth House y junto a Isaac rockeamos la vida de 2000 personas, nosotros 2 solos. Y hay muchísimas más historias que no podrían contarse aquí si quiero conseguir trabajo de nuevo.
Aqui en Venezuela tenemos Rock, sin duda alguna. ¿Pero quién lo registra? Y aquí es donde viene la parte: Ayer pasé por Las Novedades, y vi en la vitrina un libro con una portada fea, amarilla y con letras Futura Extra Bold que rezaba: “Crónicas del Rock Fabricado Acá” y como además el autor es Félix Allueva, decidí entrar a comprarlo de una vez (Porque él sí que se ha tomado la molestia de registrar las cosas, como nadie).
Ya es costumbre en las librerías locales que los libros estén sellados para que el comprador NO pueda vez lo que tiene adentro. Atrás quedaron los tiempos en que uno se iba a la librería del Ateneo a sentarse a contemplar los libros por horas, teniendo como premisa cuidarlos y devolverlos a su sitio. Ya no hay libreros en Capitolio, sólo los libritos horribles de leyes. Y las librerías de Sabana Grande, no existen. Así es el caso del librito amarillo, que no es muy grande y no pude ver si tiene ilustraciones y diálogos. Porque yo soy como Alicia, que no lee libros si no tienen ilustraciones y diálogos.
Pues igual lo agarré, como tantos otros libros de autores locales que uno disfruta porque hablan como uno. Cuando fuí a pagar (porque cualquier cosa que no sea tecni ciencia NO tiene los precios pegados, lo ODIO) me dice la empleada: “son 96 Bolívares”. Y comenzó lo que se convertiría este artículo.
Siempre que cualquier banda va a tocar, hay una cantidad considerable de personas que NO quiere pagar la entrada. Tienen para los cigarros, pero no tienen para la entrada. Ah, pero a ellos le gusta el ROCK. (ellos no va a comprar el libro).
Cuando alguna banda saca su disco, te llueven las carajitas que nunca te han hablado en tu vida y te dicen “ay, pero es que a mi me encaaanta tu banda, quiero el disco” y cuando tu les dices que tu disco cuesta 25lin, se voltean y siguen sin hablarte. (ellas no va a comprar el libro).
Cuando uno va a la Piña Musical, o Allegro a comprar cuerdas para la guitarra (ni piensen en las de bajo) Al ver el precio, créanme que NO se van a comprar el libro tampoco.
En Tecni Ciencia, hay libros de la prestigiosa casa TASCHEN de música, cine, teatro, sexo, comida, de lo que sea! que son más grandes, tienen 5 veces más páginas y cuestan mucho menos. La gente que compra libros de cosas chéveres NO va a comprar el libro.
Los músicos de este país, quienes cobramos un promedio de 80Bs (cuando se cobra) por presentación que se te van en 2 tragos o la dosis de droga se su preferencia y sin contar el taxi a tu casa, TAMPOCO van a comprar el libro.
Y segurito que el libro es genial. Tendrá miles de historias de un país donde el autor sabe y está consiente que el ROCK NO PAGA. Ese libro (y lo digo con toda la responsabilidad del caso) no lo va a comprar sino el carajo que tenga 100bs para pagarlo, y no le duela. Y en este país, el interés de las personas que les gusta el rock y que irían a comprar un libro de crónicas, es nulo. Yo quiero el libro, como he querido muchos otros, pero me parece que está sumamente costoso, sobre todo cuando necesitamos evangelizar a las nuevas generaciones con conocimiento crítico y crónicas de nuestra música venezolana. Esto no es un manifiesto contra el autor porque evidentemente no tiene la culpa, mucho menos con el material, pero si es con el sistema editorial de acá. Saquen sus cuentas, me darán la razón.
Yo me voy a comprar el libro cuando pueda, y lo comentaré con todos mis amigos, y veré quién más se lo compra. Por el momento me parece sumamente costoso, más aún para el chamo de 15 años que acaba de comprar su primera guitarra porque vió a Candy66 tocar en el Centro Cultural Chacao, o el carajito de 13 que vió a la vida Bohéme rockear el nuevas bandas y quiere ser bajista.
Después no se quejen porque el Rock en Venezuela no sirve.
Un abreboca bien bueno, aquí.









































