
Los octavos de final de un mundial de fútbol son el lugar para los grandes jugadores de verdad, son lugar común para los equipos bien armados, los que reducen (como si fueran palabras de Bielsa) el azar a su mínima expresión. España y Portugal se enfrentaban representado los dos extremos de esta máxima. España, levantando su nivel y poniendo autoridad a su paso, Portugal encontrandose a Corea del Norte en el camino para empacarle siete, porque tener a Cristiano Ronaldo no es ninguna ventaja en un equipo.
Portugal se arropó hasta donde le alcanzó la cobija, España dominó de arriba a abajo un partido intenso. Portugal debió correr para apagar fuego por todos lados, era solo cuestión de tiempo para que España le pusiera cifras al partido.
La dupla Iniesta – Xabi, hacía desastres con sus pases y Villa amenzaba a la par de que Torres seguía sin dar la talla durante el torneo.
El segundo tiempo sería tiempo de seguir apagando incendios para los portugueses, David Villa recién adquirido para las filas del Barcelona a fuerza de terquedad culmina una jugada magistral de Iniesta y Xabi que el arquero tapó en primera instancia. Era el uno a cero que de muy lejos se veía definitivo ante una selección lusa de pecho muy frío.
Mención especial para la defensa portuguesa que se vistió de bombero en un partido que España supo ganar con autoridad clínica, haciendo solo lo justo, casi regulando.
Cristiano Ronaldo al fin abandona el mundial dejando el torneo a futbolistas verdaderos.